El Estado ecuatoriano procedió a realizar el acto público de disculpas por la desaparición forzada de Josué, Ismael, Steven y Nehemias. Es imperativo señalar que esta «reparación» no surge de una voluntad ética ni de un compromiso auténtico con los derechos humanos; es el resultado de un mandato jurídico que el Estado se vio forzado a acatar. Mientras el evento central se escenificaba en el Hemiciclo de la Rotonda del Malecón en Guayaquil, en el resto del país las organizaciones de derechos humanos y las familias tomaron el control de la narrativa a través de una agenda nacional de retransmisión y actos autogestionados.
En la Sala Benjamín Carrión de la Casa de las Culturas en Quito, al igual que en espacios de Cuenca, Machala, Riobamba, Portoviejo, Ambato, Francisco de Orellana, El Coca y Puyo, la jornada no fue un protocolo oficial, sino una trinchera de memoria. En Quito, las palabras fueron contundentes desde el podio: las disculpas vacías no cumplen con la reparación integral cuando la justicia sigue secuestrada por la burocracia. El despliegue de las fotografías de los cuatro menores, rodeadas de la consigna «NO MÁS VÍCTIMAS», contrastó radicalmente con el formato institucionalizado que el Estado intentó imponer.
La articulación entre colectivas como Esmeraldas Libre, liderada por Geovanna Posso, y las familias de las víctimas, demuestra que la exigencia de verdad es un ejercicio territorializado. Mientras el Estado intentaba cerrar un expediente mediante una transmisión digital, las colectivas movilizaron espacios físicos en distintas ciudades (desde parques hasta sedes culturales) para asegurar que el dolor no fuera silenciado ni relegado a un trámite más.
El cierre del evento en Guayaquil dejó mucho que hablar, la interrupción de la funcionaria del estado dejó en claro la irresponsabilidad y el irrespeto desde el gobierno, sin embargo la dignidad del pueblo indignado fue más fuerte y el acto concluyó con la voz en alto de las madres buscadoras de justicia.
En Indymedia Ecuador, cubrimos este espacio desde la convicción de que los actos de memoria no pertenecen a quienes nos desaparecen, sino a quienes se organizan para encontrarlos. La música de marimba y la pancarta de «Somos Madres» – reclamando Justicia, Verdad y Libertad – son el recordatorio permanente de que el perdón estatal, sin justicia, no es más que una simulación











