Por: un joven por ahí
Porque estamos hartxs. Porque aunque aun algunxs podemos comer tres o dos veces al día, vemos en cada caminata por nuestro barrio, nuestro colegio, nuestra universidad o nuestro primer empleo precarizado las injusticias. Porque aunque dicen que no, nos informamos, vemos y analizamos.
La política sigue viéndose con los ojos del pasado. Claro que es necesario conocer la historia para no cometer los mismos errores, pero no estamos atrapadxs en los debates y prejuicios de quienes nos antecedieron en la lucha. Peleamos juntxs desde nuestra autonomía y sin banderas específicas, porque nos reconocemos en las calles: como marginadxs, a veces marginales, como personas discriminadas no solo por nuestra forma de ver el mundo, sino por cómo vestimos o la música que oímos.
Somos esxs a quienes, si estamos patinando en un parque, llega la policía a requisarnos mientras nos insulta. Somos a quienes nos dicen que callemos o asumen que callamo solo por ser «demasiado jóvenes».
Somos la nueva generación. Sí, desconocemos muchas cosas, pero salimos a las calles a equivocarnos y a aprender luchando.
Somos también los que no pudimos marchar porque, aunque era feriado, tuvimos que trabajar y nos emocionamos viendo en nuestras pantallas cómo otrxs como nosotrxs gritaban lo que nos hubiera gustado estar gritando a su lado. Somos los que desobedecimos a nuestros papás y nos escapamos con mentiras para ir a decir que estamos cabreadxs. Somos los que de dólar en dólar hacemos vaca para pagar la atención de la cabeza de nuestro amigo Sebaw, quien ahora tiene una pequeña fractura craneal y varios puntos “cortesía” de los Chapas. Somos quienes entramos en pánico al escuchar que Angie está desaparecida después de la represión al final de la marcha por que vimos con lágrimas cómo se llevaron a los niños de Las Malvinas y los asesinaron, o quienes escarbamos en la historia y vimos a los Restrepo… jóvenes que, igual que nosotrxs, aún no aparecen.
Marchamos porque nos duele el presente, porque estamos hartxs de sobrevivir en lugar de vivir, y porque no le respondemos a ningún patrón ni a ningún mesías de turno.
Somos el hoy y seremos el mañana. Que no se diga que lxs jóvenes no luchamos. Y les invitamos a los otros, a los «experimentados», a que se sumen: con manos limpias, sin cálculos ni intereses de capturar esta lucha autónoma que, al igual que en muchos lugares del mundo, crece y crecerá.
El futuro es hoy, ¿ Oíste VIEJO?

