A un año de la muerte de mi padre, Mauricio Samaniego: Tuve una visión

Por: E. Samaniego

Tuve una visión. No en el sentido espiritual, vi una escena mi mente, en la que te acompañaba a robar, robar para ellos, recuperar para nosotros, ese camión de Mr. Pollo. En esa imagen tú tienes tus 19 años recién cumplidos, yo tengo 28 años como ahora, cuando te moriste. 

Pienso que podría ayudarte a robar el camión y llegar al acto de los Alfaros en el barrio. Pienso que cómo vas a manejar tú el camión, con esa carita tuya de aniñado angelical que te ganó el apodo de Careta. Podría manejar yo, que al menos ya soy viejo, no un niño como eras tú entonces. Además tú creías que eras grande al volante, Ayrton -magic- Sena, pero la verdad es que eras medio camarón. Pienso que podríamos haber hecho arrancar mejor el camión, tú definitivamente eras mejor para las rutas, vos podrías dirigir y yo manejar. 

Si nos llegábamos a cruzar con el polizón de la compañía que te reconoció, hubiéramos ido tan rápido, a todo lo que el viejo camión diera, que no iba a atinar decir nada, capaz ni se daba cuenta que estábamos manejando un camión de su flota. O a la tarde le ponía un memo al chofer asignado, al pobre chófer que dejamos amarrado en la cuneta, por exceso de velocidad. 

Pienso que iríamos juntos haciendo un escándalo y echando alta pinta. Nos veo poniendo un cassette de The Doors en la radio del camión, me imagino que tal vez tenían casetera, escuchando y cantando a todo pulmón Light My Fire, mientras encendemos dos cigarrillos piel roja que le robaste a tu papá muy temprano en la mañana antes de salir al operativo, o quizás la noche anterior.  Nos veo llegando justo a tiempo al acto. 

Nos veo descargando el camión junto a los compañeros y gente del barrio. Después, yendo al acto de discurso. Tú siempre impaciente diciendo que las palabras deben ser pocas, con tu mirada afilada y tu sonrisa extasiada de satisfacción y esas gotas de vanidad tan tuyas. En fin, estaríamos ahí, orgullosos de nuestras armas y de nuestro exitoso primer operativo. Yo te diría, como te dije siempre, que te aguantes, que prestes atención, que las palabras y la ceremonia son necesarias, sino los pollos solo serían pollos. Me dirías bueno, bueno, y seguirías en la tuya. 

Pienso que lógicamente luego nos tocaría ir a enfriarnos, no sé si a una casa de seguridad, a algún viaje por un tiempo, pero podríamos haber ido juntos a seguir saboreando esa gloria del golpe bien dado, riéndonos en la cara del poder que tanto despreciamos, como siempre saliéndonos con la nuestra. En eso nos parecemos, Caretita lindo, nos gusta el descaro de salirnos siempre con la nuestra. Soy hijo tuyo. Pero no te olvides que estamos allá y entonces, tú tienes 19 años y yo 28, así que no te hagas el salsa. 

No quiero pensar qué hubiera pasado después, porque las cosas, como tú sabes, pronto se pusieron negras. Tú mismo no quisiste seguir en las armas y apostaste por la otra lucha, tu mujer y tu hija, que pronto vendría. Y mira que eras joven para tener mujer e hija, pero así nomás fuiste siempre. Un tiro al aire, loco. Pero en esa época creo que no se notaba tanto. Eras un tiro al aire, sí, pero aún no se notaba lo loco. 

O quizás lo loco vino después. Vino porque no estuve ahí para ayudarte, y te cogieron preso, te llevaron al SIC-10 y al CDP y al Penal García Moreno. Y capaz tu mente estaba muy joven, muy tierna para soportar tanto dolor y, sobre todo, tanta  maldad. Tú no conocías la maldad. Creías que eras malo, que te las sabías todas, pero eras más bueno que el pan de agua. No creo que saliste bien después de soportar los tormentos de la perversión y maldad más nefasta que puede existir, la del poder, la del sadismo. 

No soy tan canalla, así que también me veo acompañándote en todo eso, en las malas. Me imagino que, aunque yo manejo mil veces mejor que vos, igual nos sapeara el capataz de Mr. Pollo. De todas formas nos encontraríamos con los chapas. Nuestros viejos archienemigos. Siempre me he preguntado, toda la vida, por qué no les dispararon. ¿Por qué no les disparaste? Así que la imagen es obvia. Nos veo haciendo la de los niños héroes, niño tú, viejo yo, cagándonos a tiros con los chapas. Vaciando nuestros pobres revólveres, posiblemente fallando todos los tiros menos uno o dos, y recibiendo por nuestro lado, decenas de disparos. Nos veo juntos, muriendo de manera gloriosa, heróica, estúpida y dramática. Una muerte digna, Careta. O Robespierre, como era tu pseudónimo elegido. ¿Si ves que eras medio narciso? En fin, esa imagen también aparece. Media gore, pero, por lo demás linda. 

Por otro lado, me veo también haciendo lo que hiciste. No disparando, entregándote a lo que no sabías si era la muerte o peor. Me veo contigo hasta donde yo lo conozco, hasta donde yo lo viví. Esposado en la patrulla, hecho verga, muerto de miedo, humillado, pensando a mil kilómetros por segundo, cómo salgo de acá, qué salió mal. Y me veo hasta ahí, porque yo no sé si hubiera aguantado como tú. Como un guerrero consagrado, como el más valiente de todos. Yo no sé si lo hubiera logrado y no quiero imaginarlo mucho. No quiero pensar en lo que te hicieron. Pero quiero seguir pensando todos los días en ti, y quiero seguir viéndonos juntos robando ese camión, fumando un cigarrillo robado a tu papá, echando pintas y sonriendo mientras podamos, Caretita. Nos veo descarados, saliéndonos con la nuestra, cómplices. Nos veo juntos.  

2 comentarios en “A un año de la muerte de mi padre, Mauricio Samaniego: Tuve una visión

  1. Dicen que nuestros hijos son una versión corregida y mejorada de nosotros mismos. Puede que no. Pero te pareces a tu padre. Mucho. Y lo mejoras, lo revives, lo actualizas, lo reinventas. Cuando lo recuerdas, regresa, se te acerca, te habita, te sigue formateando a su manera y a la tuya. Disfruta tu herencia y escoge, como haces aquí, lo que te sirve, lo que te hace crecer. Gracias, Emiliano.

    Me gusta

Replica a Pablo Ospina Peralta Cancelar la respuesta