No olvidemos a lxs presxs políticxs del MGTL

El 19 de mayo de 2022, la noticia del allanamiento a las casas de varios miembros del Movimiento Guevarista Tierra y Libertad (MGTL) sacudió a quienes conocíamos la capacidad represiva del Estado ecuatoriano. Con impotencia, pero con solidaridad, activamos nuestras redes para alertar a otros compañeros. Sin embargo, nunca se está lo suficientemente preparado para sentir la fuerza del Estado descargando su furia sobre quienes se atreven a desafiarlo.

Tras meses de conversaciones, miradas cómplices en protestas y comunicaciones sigilosas, escribo estas líneas. Este relato, desde la barricada, busca narrar la persecución política que enfrentan los compañeros guevaristas, abordar el hostigamiento y la criminalización que sufren como consecuencia de su lucha por la transformación social. No busca ser un reclamo, ni una palmada de felicitación a las organizaciones de Derechos Humanos que han acompañado este caso, sino un llamado a no olvidar, a mantener viva la llama de la resistencia en medio de la criminalización y el olvido.

La lucha no se libra solo en las calles ni en las celdas. Se extiende a los hogares, a los círculos de amistad, a los corazones de quienes aman y acompañan a los militantes. Profundizo en la historia del MGTL, escuchando no solo las voces de quienes enfrentan la directa persecución, sino también el eco del dolor y la esperanza de sus compañeros y coidearios.

El MGTL surge en Ecuador en el contexto de las luchas sociales de las décadas de 1980, 1990 y 2000. Inspirado por experiencias revolucionarias previas, como Alfaro Vive Carajo y Montoneras Patria Libre, el MGTL se suma a la lucha por la transformación social en el país. Está conformado por hombres y mujeres con historias de vida marcadas por la miseria, la exclusión y la violencia sistémica. Es la realidad que llevó a Camilo Torres Restrepo, “el cura guerrillero”, a decir: «El amor al prójimo debe ser eficaz. Para que lo sea, hay que buscar el bienestar de las mayorías. Para ello, hay que quitarles el poder a las minorías privilegiadas que lo acaparan». Esas vivencias, conjugadas con una profunda convicción política, los impulsan a la organización y la lucha por un cambio radical.

El golpe al MGTL es un ataque directo a las luchas populares, a las personas, familias y procesos que las conforman. La pregunta que emerge con urgencia es: ¿Cómo se enfrenta uno a ese monstruo que es el aparato estatal, con su maquinaria de comunicación y su poder punitivo? Aunque las redes sociales se inunden de mensajes de solidaridad y los comunicados circulen, la realidad es cruda: esas expresiones, por más reconfortantes que sean, no llenan neveras, no pagan recibos, ni cubren las costas judiciales o economatos. Sin embargo, también es cierto que esos mensajes, esos abrazos virtuales, son un bálsamo en medio de la tormenta. En la inmensidad de la soledad que impone la persecución, saber que no estás solo, sentir el calor de la solidaridad, reafirma que, a pesar de todo, se está en el camino correcto.

«La cárcel está en el cálculo de probabilidades», afirma con certeza un militante guevarista. Asume la represión como una consecuencia lógica al compromiso con la transformación social. Pero esa convicción no anestesia el dolor para las familias. La detención de un ser querido es un terremoto emocional que lo arrasa todo. El miedo, la incertidumbre, la rabia, la impotencia, se entremezclan con el orgullo por la valentía de quienes aman. “En el nivel familiar la cosa cambia, las familias no tienen esa preparación… Saber el dolor de nuestras madres, hermanas, parejas, hijos es un dolor para el que uno nunca está preparado». Lejos del lamento, la represión convierte la prisión en una nueva trinchera, un espacio de resistencia y aprendizaje. Saben que el enemigo golpea duro, pero también saben que la lucha no se detiene tras los muros. «Hemos aprendido a convivir con el enemigo encima. Se lucha y se organiza con ellos tras nuestro o sin ellos.»

La acusación de “reclutamiento para grupos armados irregulares”, una estrategia ya conocida para criminalizar la protesta, busca aislar al MGTL del tejido social. Y a veces, lamentablemente, lo consigue. «Jamás pudieron probar que hayamos hecho algo así».

Este relato busca poner sobre la mesa la vivencia de quienes tuvieron que sostener el proceso, quienes no fueron arrestados. La noticia de la detención de sus compañeros les cayó como un mazazo. A pesar de las sospechas y los seguimientos, el golpe fue impactante. “La rabia, la angustia y el dolor se entremezclaron con la necesidad de actuar, de resistir”, comenta una compañera. La vida cotidiana se tiñó de incertidumbre. Cada paso, cada palabra, era cuidadosamente medida. La confianza se convirtió en un tesoro preciado, compartido solo con unos pocos. «Uno aprende a confiar en pocos», reflexionaban, conscientes de que nueve vidas estaban en juego.

La tensión y la crítica no se hicieron esperar. Discusiones, cuestionamientos, un proceso de autocrítica que, aunque doloroso, les permitió avanzar. «Duele, pero hay que seguir andando, aún con callos en el corazón». La lucha tiene costos. «No podemos tomarnos a la ligera lo que implica la revolución», advierten, conscientes de la magnitud del desafío. La criminalización deja cicatrices, pero también siembra semillas de resistencia. El MGTL, pese a la adversidad, continúa su lucha, con la certeza de que la organización popular es el camino para vencer. «Hoy se ha separado el grano del trigo», reflexionó un miembro, «los que se han quedado saben a lo que se meten, y los que se fueron, bien hicieron al hacerlo».

La persecución política, la criminalización de la protesta y el encarcelamiento de luchadores sociales son realidades que marcan a fuego a nuestros pueblos. Pero también es el fuego donde se forja la resistencia, la solidaridad y la esperanza. El caso de los presos políticos guevaristas nos recuerda que el camino hacia la transformación social está sembrado de obstáculos, pero que la lucha por la justicia y la libertad vale la pena. Y los muros jamás lograrán silenciar nuestros sueños, ni nuestra esencia rebelde. Menos aún detendrán la marea incontrolable de existencias que se hermanan y organizan contra el sistema que oprime.

«Seamos realistas, hagamos lo imposible», decía Ernesto Guevara. No permitamos que el miedo nos paralice. Organicémonos, denunciemos las injusticias, tejamos redes de apoyo y resistamos con firmeza. Que la prisión no sea sinónimo de silencio, sino un espacio de lucha y dignidad.

Solidaricémonos con los presos políticos, con sus familias y sus causas. No nos resignemos a la injusticia, no nos acostumbremos al dolor. Organicémonos, resistamos, construyamos un futuro donde la dignidad y la libertad sean un derecho para todos.

Ni culpables ni inocentes, ¡revolucionarios consecuentes!
LIBERTAD Y ABSOLUCIÓN PRESOS POLÍTICOS GUEVARISTAS



Algunas preguntas respondidas que se quedaron en el tintero pero creí necesario exponerlas

¿Cómo se vincula el MGTL con el pensamiento y la práctica del Che Guevara?

Seguimos las ideas del Che. Creemos que es necesario un Partido Revolucionario para hacer la Revolución, que se debe en primer lugar construir un Nuevo Poder, un Poder Popular. Que se necesita un proceso de Liberación Nacional, pero también que esta lucha requiere mucha voluntad, mucho sacrificio, una ética revolucionaria.

Pero no esa ética pacata que le quiere enseñar a la gente cómo vivir, cómo amar, cómo hablar, no, nada de eso. La ética revolucionaria es trabajo, trabajo y trabajo, es sacrificio, es jugarse la vida y la libertad para demostrar nuestras verdades. El Guevarismo es un estilo de lucha y organización, no burocrático, no sectario, no dogmático, es activo, es creador, es eficaz, es rápido, se basa en el prestigio, el respeto, la acción. Ese es nuestro estilo.

Podemos ser diez Guevaristas, debemos parecer que somos mil. Y si somos mil, que somos diez mil.

2. ¿Qué significa ser «guevarista» en el siglo XXI?

Significa pertenecer al ala más radical y activa de la izquierda revolucionaria. En toda la región las organizaciones guevaristas son los enemigos número uno del Estado. En Paraguay, Carmen Villalba y Alcides Oviedo están condenados a morir en prisión y sin embargo el EPP sigue combatiendo. En Chile, el Comandante Ramiro y Héctor Llaitul siguen en pie. En Argentina, recientemente arrestaron y asesinaron a Facundo Molares. En España, los GRAPO mueren en las cárceles fascistas.

3. ¿Qué relación tiene el MGTL con los pueblos indígenas y las luchas por la defensa del territorio y los derechos de la naturaleza?

Nosotros somos el pueblo indígena organizado. Muchos de nuestros militantes y compañeros de base pertenecen a los pueblos y nacionalidades, somos parte de los sistemas de educación, nuestras escuelas políticas se realizan en las comunidades. Hemos sido parte de las luchas contra las mineras antes de que el ecologismo pequeño burgués intente apropiarse de las mismas. Hemos estado en las acciones más importantes de los pueblos contra las mineras. Nuestras Escuelas del Agua recorrían el país antes de la captura.

Lamentablemente ahora muchos de estos espacios están coptados por el ecologismo burgués como los «yasunidos» y similares, pero pronto, cuando se acabe la plata, se bajarán del barco y ahí seguiremos nosotros. Nuestros compañeros indígenas luchan en el territorio, no en las marquesinas.

4. ¿Se puede construir un frente amplio de lucha que articule las diversas expresiones de la izquierda revolucionaria?

Por supuesto, no solo que se puede construir un Frente Amplio, es lo podemos hacer hasta con todas las expresiones de la izquierda. Nosotros hace varios años venimos haciendo un llamado a la construcción de un solo Partido. Las organizaciones Marxistas-Leninistas somos muy similares, nos unen demasiadas cosas, no tiene sentido estar dispersos.

El momento en que logremos superar esas barreras absurdas y exista un solo Partido ML, la conquista del poder estará mucho, muy cerca. Pero a veces parece que no nos damos cuenta de eso. Sin embargo, no perdemos las esperanzas, lo seguiremos proponiendo, en algún momento se dará y entonces los burgueses van a temblar.





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