¿Por qué hablamos de fascismo cuando hablamos de Daniel Noboa?

Por: Acción Antifascista Ecuador

Hay palabras que se lavan con el uso excesivo o impertinente, y poco a poco pierden su significancia. Una de ellas es Fascismo. En los últimos años se ha hecho costumbre escuchar la acusación de facho a cualquier persona que no piense como nosotrxs. Partiendo de esas acusaciones, es imposible pasar por alto otra contradicción. Definitivamente al hablar de fachos, fachas y fachistas viene la imagen de los fascistas históricos como Franco, Hitler o Mussolini, o Videla y Pinochet de nuestra región, y definitivamente las personas a las que habitualmente se tilda de fachxs no encarnan el nivel de maldad que estos personajes.

Y no. Los fachos de nuestro tiempo no lucen así. Incluso en los regímenes de la más recalcitrante derecha, en los gobiernos de Bolsonaro, Milei, o Noboa, no se conoce de campos de concentración, centros de tortura (con la excepción de los centros de las cárceles salvadoreñas, cuya complejidad excede las posibilidades análisis del presente trabajo), desapariciones, vuelos de la muerte, etc. Tampoco han sostenido sus discursos en limpieza étnica o en el odio al comunismo, al menos no de manera explícita. Eso no quiere decir que los gobiernos de derecha imperantes en nuestra región no sean fascistas. Milei, Bolsonaro, Bukele y, por supuesto, Daniel Noboa son fascistas.

Para describir este tipo de regímenes y gobernantes, actualmente se habla de un fascismo soft o suave, lo cual parece un oxímoron, ya que el fascismo es lo más violento que existe y es difícil imaginar que pueda ser suave. Sin embargo, se da esta definición ya que los líderes y gobiernos a los que se alude con este término encarnan de manera velada el espíritu del fascismo, sin enunciarlo de manera directa, como sí lo hacen los colectivos neonazis. La definición que se da a este fenómeno es la de una revolución conservadora.

Estos gobiernos son elegidos democráticamente y utilizan desde ahí el poder de manera legal e ilegal, para revolucionar la estructura del Estado, ignorando las nociones básicas de los DDHH, los derechos de la naturaleza y de las poblaciones vulnerables.

Desde las estructuras de poder estatales, con el monopolio de la fuerza y unos aparatos de propaganda inmensos, estos gobiernos tratan de instaurar economías neoliberales bajo el discurso de la libertad financiera y el liberalismo, y simultáneamente atacan de manera directa todos los derechos adquiridos por las luchas sociales, consolidando una estructura conservadora en lo social. A la vez precarizan las condiciones laborales y económicas de los sectores populares, atacan la institucionalidad, reducen el Estado, limitan y violentan los derechos, refuerzan a la policía y al ejército, dándoles rienda suelta, y construyen un aparato de propaganda fuerte y sensacionalista.

El elemento comunicacional es importante para entender de estos regímenes, ya que tienen un marcado componente populista a pesar de tener fuertes medidas antipopulares. Esto se sostiene de un nivel discursivo vaciado de contenido, sin ningún significado o llenos de absurdo, y apoyados en el carisma y excentricidad de sus líderes. Otro de los elementos propagandísticos comunes en estos gobiernos es el viejo conocido del enemigo interno.

Este, sin embargo, ha adquirido un nuevo significado en nuestro contexto. Los gobiernos han aprovechado el fuerte desarrollo de los grupos de crímen organizado y el auge en su accionar violento para acusar de mafioso, terrorista o narcotraficante – utilizando las tres palabras como sinónimos-, a cualquiera que se le oponga de palabra o acción.

Si el monopolio de la fuerza y el desconocimiento absoluto de la institucionalidad no les bastaba, legitiman cualquier acción ilegal con la excusa infalible de las medidas extraordinarias y valientes que se necesitan para enfrentar a la mafia y el narcotráfico. Así sostienen su revolución conservadora. Estos líderes no dejan de recordarnos que no les temblará la mano, que el bien de los ciudadanos está por encima de las leyes o derechos y que ellos tendrán el coraje de enfrentar a los terroristas.

Así, estos nefastos gobernantes niegan la veracidad de la evidencia científica sobre el calentamiento global y violentan constantemente los derechos de la naturaleza, apoyando el extractivismo y transando con las verdaderas mafias y narcotraficantes que hoy mantienen estrechos nexos con mineras. También atacan a los sectores culturales, desconocen los derechos de las mujeres y diversidades sexogenéricas, personas migrantes, jubiladxs y cualquier grupo vulnerable. Devastan los derechos de lxs trabajadorxs y rechazan abiertamente las instancias que garantizan mínimamente el equilibrio de poderes y un clima democrático (incluso dentro de la estructura de la democracia burguesa).

No necesariamente en ese orden, y no se limita a los ejemplos expuestos a continuación, pero Daniel Noboa cumple con todas las características del fascismo suave.

En uno de sus primeros decretos como presidente dejó sin funciones efectivas a la vicepresidenta con la que ganó su primera elección, enviándola en una misión de paz a Israel. Esto es una acción abiertamente dictatorial, ya que desconoce una dignidad electa democráticamente por el voto directo de la ciudadanía, cuya jerarquía como dignataria era igual de alta que la del presidente. En ese contexto, no renunció no pidió licencia para la campaña electoral previa a su mandato actual, dejando al país sin presidente ni vicepresidente, y simultáneamente ejerciendo en un cargo para el que se estaba candidatizando.

En medio del genocidio, se declaró aliado incondicional de Israel. Así, selló su posición del lado de los fascistas de nuestro tiempo, validando al único Estado del mundo que se sostiene de violar todas las convenciones de derecho internacional.

Eliminó el ministerio de la mujer. Cabe recalcar que llegó a ser presidente tras fuertes acusaciones de violencia doméstica por parte de su ex esposa, misma que también clamaba que Noboa valiéndose de su poder económico y político le quitó a su hija prohibiéndole verla.

Encubrió el asesinato de cuatro niños por parte del Ejército. En el caso de los 4 de Malvinas, nunca se posicionó más que para nombrar mártires a los niños asesinados. Estos cuatro niños fueron detenidos ilegalmente por soldados delas FFAA, quienes los secuestraron, posiblemente torturaron, asesinaron y trataron de desaparecer sus cadáveres. La respuesta de Noboa fue: debemos tener mano dura contra los terroristas.

Desconoció el poder de la Corte Constitucional cuando esta objetó algunas leyes y decretos que el presidente quería pasar de manera irregular. Cabe recalcar que la Corte estaba actuando de acuerdo con su función, a petición de colectivos y/o juristas que plantearon varias acciones de inconstitucionalidad de las leyes y decretos que se querían instaurar saltándose el proceso que requieren su aprobación, o cuyo debate fue entorpecido enviándolas al legislativo con el carácter de «proyecto económico urgente» (sin ser económicos ni urgentes). La mayoría de estas leyes tenían el fin de reducir el tamaño del Estado, reducir deudas (las del presidente y su grupo de afinidad) con el SRI, reforzar la vigilancia y el poder de los aparatos represivos del estado. Así mismo, la Corte objetó el confuso proceso con el que el presidente quería reformar la Constitución que se ha dedicado a deslegitimar, acusándola de favorecer a mafiosos y narcotraficantes. En este contexto, aparecieron vallas publicitarias “anónimas” que acusaban a la Corte de la muerte de personas y pérdidas materiales por las acciones del narcotráfico.

Eliminó el subsidio al Diésel, desatando movilizaciones populares y un paro nacional al igual que los dos gobiernos anteriores, militarizó el país, desató una ola de racismo y acusó a quienes protestamos de terroristas. Cuando policías y militares ejercieron el uso excesivo de la fuerza, maltratando, humillando y asesinando a protestantes, los justificó.Cuando se detuvo a comuneros ordenó que los encerraran en cárceles que están controladas por mafias, lejos de sus lugares de origen y residencia, condenándolos a muerte en las masacres carcelarias que no han dejado de ocurrir durante el Paro.

Respondiendo a en entrevistas respecto a los DDHH, él responde que no temblará y que no se rendirá como lo hicieron anteriores presidentes. Afirma que él prefiere morir que rendirse (ante el pueblo al que se debe) y que va a resistir, detrás del ejército y policía, más que el pueblo levantado en huelga.

Daniel Noboa es un fascista en toda regla. Quiere utilizar la violencia para mantenerse en el poder e impulsar una regresión social sin precedentes. Quiere utilizar la violencia para proteger a las élites económicas a las que responde. Quiere utilizar la violencia para eliminar los derechos del pueblo. Quiere utilizar la violencia para arrasar con la naturaleza.

Quiere utilizar, ya utiliza y seguirá utilizando la violencia contra todo lo que se le oponga, y ya no necesita el aval de las Leyes porque no las reconoce.

Un fascista es el presidente del país en que vivimos, y nosotrxs, ¿qué vamos a hacer?

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