Se sabe de sobra que nada detendrá las balas si deciden disparar.
La amenaza militar latente en el aire.
Las comunas, sosteniendo los bloqueos de autoprotección en los distintos puntos de la carretera, se muestran firmes y determinantes en que la lucha va porque va.
Con la alerta siempre presente, la desconfianza como forma de estar un paso al frente, como forma de cuidarse y de no bajar la guardia ante un gobierno totalitario que se cree amo y señor de todo y de todxs.
Y el sentirse hermanadxs para reafirmarse en la noche que cae con una fuerte incertidumbre entre la gente, pero también con una profunda convicción entre todxs lxs presentes. Las mamas, lxs wawas, hermanos, compañeros, comuneros y comuneras con sus dirigentes enfrentándose a la decisión de quedarse a la llegada del convoy militar, o permanecer vigilantes desde los hogares. Pareciera ser una decisión de vida o muerte, y bien podría serlo. Todo mientras la barricada de protección se sigue levantando nuevamente, como cada noche, y cada vez con el terror más instaurado.
Y la guardia y la vigilia no descansan. Y la gente por completo tampoco; también en un intento de no dejar solos ni solas a lxs compañerxs de más al norte y más adentro. No se puede mirar a otro lado mientras en las comunidades cercanas familias enteras tienen que pasar la noche en las estepas por temor de que se repita la arremetida militar dentro de sus hogares en medio de la noche mientras les cortan la electricidad y la señal de sus teléfonos. No se puede descansar ni dormir del todo bajo la sospecha permanente del terror.
Agua en botellones, eucaliptos en ramas grandes, mascarillas, latas de escudos, guantes, rutas. Todo está listo para defenderse sin saber si se está preparado del todo, porque se sabe de sobra que nada detendrá las balas si deciden disparar, como aquella mañana en la que caía muert* el comunero Efraín Fuerez por los disparos propiciados en su espalda por militares.
Así transcurren las horas, con las fogatas encendidas, las familias resguardadas en medida de lo posible en sus casas, y las bombas lacrimógenas cayendo dentro de los patios de los hogares de la gente y en las calles donde la guardia de la primera línea se mantiene alerta.
No intentaron entrar a la comunidad. No cortaron la luz, pero sí la comunicación (señal). Esa noche no atacaron físicamente, pero sí psicológicamente. La violencia que implica la instauración del terror en el cotidiano de las comunidades, es multiforme. Mata de muchas maneras. Mutila y trauma en muchos sentidos. Y allá, más al norte, en Cotacachi, donde sí cortaron la luz y la noche anterior ingresaron con prepotencia y abuso en los hogares, allá esa noche en particular, los golpes fueron también psicológicos.
Y al día siguiente, lo más admirable: la memoria, la unidad, la resistencia, en pie de lucha nuevamente.
Fotos para Indymedia Ecuador, capturadas entre el 28 y 29 de septiembre del 2025, día 8 y 9 del Paro Nacional, en la comunidad de Peguche, Imbabura.
#IndymediaEc
#MediosLibres
#paronacionalecuador
#vivalaluchadelospueblos









