Indymedia Ecuador
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El poder ha decidido nombrar a Jeremy como “terrorista”. Un joven de 23 años, un padre, un obrero, un comunero.
Su vida, como la de tantos otros, ha sido arrancada de la cotidianidad y lanzada a un expediente que lo criminaliza por existir en el lugar equivocado, en el instante equivocado.
Jeremy volvía a casa en bicicleta, acompañado de su primo.
Policías aparecieron de la nada: lo patearon, le quitaron la bicicleta y lo llevaron preso. Desde entonces, su nombre se repite en boca de los suyos con un dolor que se transforma en denuncia.
Su compañera, Samantha, sostiene la voz entre la ternura y la rabia:
«Él es un padre de familia responsable, el único que trabajaba para darnos todo. Tenemos una hija de cinco años que pregunta por él cada día. No es un terrorista: es un padre, un esposo, un trabajador.»
Y no está sola. Su tía Anita, moradora de la comunidad, alza el mismo clamor frente a la injusticia: «Mi sobrino fue injustamente llevado a la cárcel. Estaba cruzando la calle, cuando lo agarraron los policías. Él es como mi hijo. Me duele. La mamá está devastada, toda la familia está rota.
Y ahora lo mandan a una cárcel donde hubo masacre… ¿cómo no vamos a temer por su vida?
Les ruego que nos ayuden, que lo difundan, que lo liberen.
”Estos testimonios no son un eco aislado: son la voz de las mujeres que sostienen la resistencia, las que cargan sobre sus hombros deudas, hijas, casas a medio levantar y la incertidumbre que deja un Estado que etiqueta como “terroristas” a los hijos de los pueblos.
La palabra terrorismo aquí no significa nada de lo que proclama la justicia.
Significa miedo sembrado, significa castigo ejemplar, significa criminalización de la pobreza y de la resistencia indígena.
Significa borrar del mapa a los comuneros, para volverlos un número, un enemigo interno, un cuerpo desechable.
Pero las palabras de Samantha y de Anita devuelven humanidad.
– Nombran a Jeremy como lo que es: padre, esposo, sobrino, hijo.
– Nombran la deuda que asfixia, la niña que espera, la comunidad que no olvida.
– Nombran la dignidad frente al Estado que intenta negarla.
Por eso repetimos con ellas:
Jeremy no es un terrorista. Es comunero. Es joven. Es padre. Es trabajador.Y mientras su nombre resuene en la voz de su gente, ninguna cárcel podrá borrarlo.
