Por: Andrea Cárdenas
En un país donde conseguir una cita médica en el sistema público puede tomar meses y donde los pacientes deben resignarse a morir por la falta de medicinas e insumos, el gobierno de Daniel Noboa ha decidido que su prioridad política es una consulta popular. Mientras el Ministerio de Salud declara emergencia sanitaria y el gremio médico denuncia recortes presupuestarios, millones de dólares se destinan a propaganda y logística electoral. El contraste es obsceno: la agenda oficial se sostiene más sobre el espectáculo político que sobre la atención a las urgencias estructurales, mientras la pulsión autoritaria mantiene limpio el espejo del poder para que Narciso Daniel, “rey”, afiance su imagen de salvador en un falso progreso.
No se está pensando en la consulta como un acto democrático, porque este gobierno ya nos ha demostrado que eso de la democracia solo le sirve para engordar su yo ideal, ese de capataz de hacienda que controla y castiga siempre desde arriba. Lo único que busca con esta consulta es legitimar su poder y aumentar la productividad de sus negocios. Un juego de máscaras donde el actor principal es el narcisismo presidencial que busca aferrarse al poder.
Organizar una consulta popular en Ecuador no es barato. Según el Consejo Nacional Electoral (CNE), el gasto de cada proceso ronda los 50 millones de dólares, una cifra equivalente al presupuesto anual de un hospital provincial o a la contratación de miles de médicos y enfermeras. Mientras tanto, en hospitales como el Eugenio Espejo denuncian falta de insumos básicos, recortes en la alimentación para pacientes y reducción de personal, generando malestar general, incertidumbre y muerte.
¿Acaso el gobierno no quiere escuchar al pueblo? ¿O alguien ha visto a Daniel Noboa evaluando y al frente de alguna emergencia? La democracia no se sostiene solo con papeletas y urnas, sino con la garantía efectiva de derechos básicos, con estrategias claras, no con cortinas de humo. Jugar con la paz en medio de tanta violencia e incertidumbre es bajo y cruel; no queremos más chantaje emocional disfrazado de soluciones técnicas que carecen de argumentos.
No podemos seguir de espectadores, no creemos en tu falsa modernidad Daniel.

