El gobierno sostiene que el cierre anticipado del Bloque 43-ITT tendrá un impacto negativo en la economía del país, citando pérdidas estimadas entre USD 2.198 millones y USD 3.581 millones según su «Informe sobre impactos, puntos de atención y acciones ejecutadas respecto al cumplimiento de la consulta popular para el cierre anticipado de operaciones y abandono del Bloque 43 ITT». Estas cifras han sido ampliamente replicadas y exageradas por los medios de comunicación tradicionales, generando una narrativa de catástrofe económica inminente.
Además, se argumenta que el cierre de las actividades en el Bloque 43-ITT agravaría la recesión que el país ya enfrenta. Sin embargo, es importante recordar que esta crisis económica tiene sus raíces en las políticas neoliberales impulsadas por gobiernos que han seguido al pie de la letra los mandatos del FMI, incluyendo medidas como el aumento del IVA y la eliminación de subsidios a la gasolina.
El economista Alberto Acosta, basándose en cifras oficiales, ofrece una perspectiva que desarma el alarmismo gubernamental. Según Acosta, “los ingresos petroleros totales al fisco en el 2023 llegaron a 1.529 millones de dólares, apenas el 66% de lo presupuestado, que fue de 2.317 millones. El ITT, que aporta un 12% de esos ingresos, generó para el Estado aproximadamente 183 millones de dólares. Incluso si se hubiese alcanzado el presupuesto previsto, el aporte del ITT no habría superado los 300 millones”. Estos datos revelan que las «pérdidas inconmensurables» que el gobierno y los medios proclaman son, en realidad, insignificantes en el contexto económico general.
A esto se suma el hecho de que el costo de producción del petróleo en los campos del ITT es más alto que los ingresos generados. Un análisis del economista Andrés Albuja Batallas estima que el costo promedio de extracción es de 69 dólares por barril, mientras que el precio promedio del crudo pesado de este campo se sitúa en 57 dólares por barril. Esto implica una pérdida de 12 dólares por cada barril extraído. Al multiplicar esta pérdida por la producción acumulada de 125.5 millones de barriles desde 2016 hasta agosto de 2023, se obtiene una pérdida total de 1.500 millones de dólares.
Estos datos demuestran categóricamente que la mejor opción económica, social y ambiental es dejar el crudo bajo el subsuelo del Yasuní. Más allá de las cifras, es crucial reconocer que la vida de los pueblos no contactados es invaluable. Evitaríamos un etnocidio inminente y preservaríamos la megadiversidad del Yasuní, un tesoro natural que no solo sustenta la vida en ese territorio, sino también en todo el Ecuador y el mundo.
